Este mundo está lleno de sorpresas. Muy temprano leí en la prensa nacional e internacional, que Comenzaba el juicio en EEUU contra Posada Carriles, pensé inmediatamente, en que por fin, la justicia le cobraría cuentas, por el atentado terrorista al avión cubano que causó la muerte de 73 personas. Sin embargo, asombrosamente, no fue así, la justicia estadounidense prefirió entablar un juicio por fraude y perjurio por haber mentido a agentes de inmigración sobre su llegada a Estados Unidos en el 2005.
De esta manera, Estados Unidos quizás quiera lavar sus culpas y cuitas, por dar alojamiento por tantos años, a una persona acusada de terrorista por Cuba y Venezuela, en la “tierra de la libertad, la justicia y de un tiempo para acá, de guerra a muerte al terrorismo.”
Para Estados Unidos es inadmisible aceptar que mantuvo en su tierra sagrada a un terrorista, porque sería flaquear ante la voz atronadora de líderes mundiales, que en reiteradas ocasiones le señalaron de tener una doble cara. Por un lado, acusando a algunos países de alojar terroristas, (caso Venezuela y los etarras) e iniciar una cruzada “democrática” para salir de esas figuras electas en las urnas de esa misma democracia que promulgan (léase intervención de la CIA en América Latina). Y por otro lado, dando alojamiento a un “ciudadano perseguido políticamente por sus ideas de libertad”.
Extrañamente, Posada Carriles señaló a la agencia de noticias AP, antes de iniciar su juicio por perjurio y fraude, -perdón el orden de los factores importa en este caso- por fraude y por perjurio, que: “Estados Unidos lo protegerá”.
Y en tal sentido, se atrevió a afirmar con palabras medio chantajistas que el gobierno estadounidense no intentará ponerlo en la cárcel por mucho tiempo, porque “sus conocimientos sobre las intervenciones de Estados Unidos en Latinoamérica lo protejan”.
Quizás por esto, Estados Unidos, no extradita a Posada, porque sabe que podría hablar y al igual que los documentos publicados por el portal Wikileaks, dejarlos muy mal parados delante de sus aliados y del mundo.
Ann Bardach

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